Rojas
Salud
Cuando el cansancio no es solo cansancio
10 de Abril de 2026
Por Fernanda Lovotrico*
En la práctica clínica aparece con frecuencia un malestar que no siempre tiene un nombre preciso, pero sí una presencia constante. Mujeres comprometidas con sus vínculos, responsables y atentas a los otros, que llegan diciendo algo similar: “estoy cansada”. No se trata solo de un cansancio físico, sino de una sensación más profunda, ligada a sostener demasiado durante demasiado tiempo, muchas veces sin un espacio donde eso pueda ser pensado.
Lo llamativo es que, en muchos casos, no hay un conflicto puntual que lo explique. Hacia afuera, la vida parece funcionar: trabajo, familia, responsabilidades. Sin embargo, algo no termina de encajar. Desde una mirada clínica, ese cansancio no se entiende como una falla personal, sino como una forma en que el malestar comienza a expresarse.
Más allá de la cantidad de tareas, lo que suele pesar es el lugar que cada una ocupa en sus vínculos. Qué se espera, qué se da por supuesto, qué queda a su cargo sin haber sido necesariamente hablado. Muchas veces, lo no dicho se sostiene igual, y con el tiempo adquiere un costo emocional que se manifiesta en desgaste, irritabilidad o desconexión.
Frente a esto, es frecuente que la respuesta sea exigirse más: intentar hacerlo mejor, ser más paciente, más organizada, más comprensiva. Pero cuando todo se resuelve en ese plano, el resultado suele ser mayor agotamiento. Porque el problema no es solo cuánto se hace, sino desde qué posición se sostiene.
En ese contexto, la culpa aparece con fuerza. Culpa por no llegar a todo, por necesitar ayuda, por poner límites o incluso por desear algo distinto. Muchas veces, lejos de señalar un error, la culpa funciona como una forma de sostener ciertos equilibrios en los vínculos, aunque sea a costa del propio bienestar.
En este punto, la pregunta empieza a desplazarse. Ya no se trata solo de “¿qué me pasa?”, sino también de poder interrogar el lugar que cada una ocupa en su vida cotidiana: qué parte responde a un deseo propio y qué parte a exigencias que, con el tiempo, se fueron naturalizando.
Nombrar este cansancio y poder pensarlo en relación con los vínculos no resuelve todo de inmediato, pero abre una posibilidad. La de no quedar únicamente del lado de la exigencia o el silencio, sino de empezar a construir una manera más habitable de estar con otros y con una misma.
Licenciada en Psicología / Psicoanalista
