Rojas
Turismo
La historia de Pinamar: cómo nació la ciudad de la Costa
28 de Abril de 2026
La historia de la ciudad arranca a finales de los años treinta. El arquitecto Jorge Bunge —el primer urbanista argentino, formado en Alemania— se asoció con Valeria Guerrero, dueña de las tierras, y fundó Pinamar S.A.
El objetivo era convertir un cordón de dunas costeras, sin infraestructura ni población estable, en un balneario funcional. El lema que guió la empresa dice mucho sobre su filosofía: "¿Por qué declararle la guerra a los médanos si podemos valernos de ellos?" En lugar de aplanar el terreno, Bunge trazó calles curvilíneas que seguían las ondulaciones naturales del paisaje. En vez de ser un obstáculo, las dunas fueron el plano.
Para llegar a ese balneario que todavía no existía, los primeros visitantes podían tomar el tren hasta General Madariaga. Hoy, solo tenés que sacar tus pasajes a Pinamar y en pocas horas llegás. El 14 de febrero de 1943 fue la fecha oficial de inauguración del balneario. Ese día abrió el Hotel Pinamar, que hoy existe todavía bajo el nombre Playas, administrado por los nietos del fundador.
Lo que Bunge hizo después de inaugurar el lugar es tan relevante como el proyecto en sí. Plantó seis millones de árboles —la mayoría pinos, de ahí el nombre— no por una cuestión estética sino técnica: los pinos fijan la arena y la mantienen en su lugar. Sin esa forestación, el viento habría sepultado las construcciones en años.
El mismo arquitecto instaló un vivero en plena arena para garantizar el abastecimiento de plantas. También abrió una fábrica de tejas y otra de hielo, porque en ese entonces no había heladeras en la zona y el proyecto no podía depender de insumos que llegaran desde Buenos Aires.
El Plan Director de Pinamar, aprobado en 1944 por la provincia de Buenos Aires, fue diseñado por otro nombre grande de la arquitectura argentina: Clorindo Testa. Establecía una lógica de ciudad jardín donde los edificios debían ser bajos, integrados al paisaje, sin cercos que cortaran la continuidad visual entre una propiedad y otra.
Bunge peleó durante décadas para que eso se respetara: en los años setenta ganó una batalla clave contra desarrolladores inmobiliarios que querían levantar torres en el frente marítimo, aunque tuvo que ceder en algo: los dos pisos originales se convirtieron en cuatro.
Hoy Pinamar tiene 22 kilómetros de playa, incluidos los tramos de Ostende, Valeria del Mar y Cariló, cada uno con su propio carácter. Las calles de arena siguen siendo curvilíneas. Los pinos también están ahí, y la lógica de ciudad jardín, aunque con más presión urbana que en 1943, todavía se percibe. La encontrás en la escala de las construcciones o en el bosque a metros de la playa. La ciudad tiene esa mezcla rara de exclusividad y naturaleza que hace que Pinamar se parezca a sí misma y a ningún otro balneario de la costa.
