Berisso
Solicitada
Todo el hidalgo valor de la vida
5 de Junio de 2026
Carlos Alberto Solari murió esta mañana en su casa de Parque Leloir. Tenía 77 años y el Parkinson lo había ido ganando de a poco, con la paciencia obscena de ciertas enfermedades.
Hacía años que no pisaba un escenario. Lo había dicho él mismo, sin drama, que el Indio ya había cumplido su tiempo. Lo que hizo en ese tiempo no tiene equivalente en la historia de nuestra música.
Fundó, junto a Skay Beilinson, una banda que nunca sonó en la radio ni cedió a ninguna lógica de mercado. Convocó multitudes que no caben en ningún estadio del mundo.
Los ricoteros no eran fans sino una comunidad que se reconocía en una forma de estar en el mundo que no pedía permiso.
Escribía para los que están afuera del relato oficial, para los que saben que la fiesta siempre fue para otros. Y esa escritura, barroca, densa, llena de sílabas raras se convirtió en el idioma de quienes luchan. No porque él lo haya pedido sino porque la gente que lucha reconoce, con precisión infalible, cuando alguien le habla de verdad.
Acá, en este barrio, en esta unidad básica, sus canciones sonaron en los momentos en que hacía falta recordar por qué hacemos lo que hacemos, por qué nos quedamos y por qué volvemos una y otra vez a abrazar las mismas banderas.
Para los fanáticos que lo seguimos de cancha en cancha, a los músicos que aprendieron que se puede hacer arte sin entregar nada sabemos que él no se va. Se queda en cada uno que decidió, como él, no subestimar a nadie. Que la tierra te sea leve.
Unidad Básica Barrio Obrero
