Salto
Rastreo
Contratistas rurales de la zona que ganan licitaciones mostrando datos de flota en tiempo real
16 de Abril de 2026
Sergio Fontana tiene tres mosquitos autopropulsados y una camioneta con tanque para hacer aplicaciones en lotes chicos. Trabaja en la zona de Salto hace quince años, mayormente para productores privados que lo contratan para pulverizar soja, maíz y trigo. El año pasado se presentó a una licitación municipal para hacer control de vectores en los espacios verdes y banquinas del partido, un contrato de doce meses que incluía aplicaciones periódicas de insecticida para mosquitos y herbicida para el control de malezas. Había otros cuatro oferentes, todos con más antigüedad que él en ese tipo de trabajos. Fontana ganó el contrato porque en la presentación mostró en una pantalla exactamente cómo funcionaba su sistema de rastreo satelital, con los recorridos de las últimas veinte aplicaciones que había hecho para productores de la zona, los horarios de inicio y fin de cada trabajo, la velocidad promedio de cada pasada y las hectáreas cubiertas por día.
El responsable de compras del municipio, un ingeniero agrónomo que había trabajado en el INTA antes de pasar al sector público, me contó que lo que le convenció de la propuesta de Fontana no fue el precio ni la potencia de los equipos. "Nosotros teníamos un problema de trazabilidad con el contratista anterior", me dijo. "El tipo nos facturaba las hectáreas aplicadas y nosotros no teníamos manera de verificar si realmente había pasado por todos los lugares que decía. A veces nos llegaban quejas de vecinos diciendo que tal calle no se había fumigado, y el contratista nos mostraba una planilla firmada que decía que sí. Era la palabra de uno contra la del otro". Con el sistema de Fontana, el municipio puede entrar a una plataforma web y ver el historial completo de cada aplicación, con mapa incluido.
El sistema de rastreo que usa Fontana tiene tres componentes. Primero, un dispositivo GPS instalado en cada mosquito que registra la ubicación cada quince segundos mientras la máquina está en movimiento. Segundo, un sensor conectado al sistema hidráulico que detecta cuándo las boquillas están abiertas y cuándo están cerradas, es decir cuándo realmente se está aplicando producto y cuándo la máquina simplemente está trasladándose de un lote a otro. Tercero, una antena que envía todos esos datos a la nube en tiempo real, donde quedan almacenados y pueden consultarse después. La inversión total por máquina le salió en unos 350 dólares contando el dispositivo, el sensor y la instalación. La cuota mensual de la plataforma es de 15 dólares por equipo.
En Argentina los contratistas rurales son responsables de más del 60% de las labores de producción granaria, según datos de FACMA, la federación que los agrupa. Son los que siembran, pulverizan y cosechan la mayoría de los campos del país. Pero la actividad de aplicación de fitosanitarios está cada vez más regulada, especialmente cerca de los pueblos. La ley provincial de agroquímicos en Buenos Aires establece restricciones para las aplicaciones terrestres cerca de zonas urbanas, y cada municipio tiene sus propias ordenanzas que a veces son más estrictas todavía. La fiscalización depende de que alguien salga a controlar que el aplicador esté haciendo las cosas bien. Los sistemas de rastreo con registro de boquillas resuelven parte de ese problema porque generan un registro automático que no depende de la palabra del operador.
En la provincia de Buenos Aires, un técnico de GPSWOX que hace rastreo de flotas para operadores turísticos me contó que las estancias y los prestadores de turismo aventura pasaron de ser clientes esporádicos a representar buena parte de las altas nuevas en los últimos dos años. "Los productores grandes ya están pidiendo reportes de aplicación con coordenadas GPS como condición para pagar el servicio", me dijo. "Si el contratista no puede demostrar que pasó por todos los lotes que dice haber fumigado, el productor le descuenta hectáreas de la factura. Y si el municipio no puede verificar el trabajo, directamente no renueva el contrato".
Fontana me mostró cómo funciona el sistema en su celular mientras tomábamos mate en el galpón donde guarda las máquinas. Abrió la aplicación y me enseñó el mapa del último trabajo que había hecho para el municipio, una aplicación de herbicida en las banquinas de la ruta de acceso al pueblo. El recorrido aparecía marcado en verde donde las boquillas estaban abiertas y en gris donde estaban cerradas. Se veían claramente los tramos donde había levantado el equipo para cruzar una alcantarilla o para esquivar un auto estacionado. "Antes yo hacía esto mismo pero no tenía manera de probarlo", me dijo. "Si un vecino se quejaba de que no habíamos pasado por su cuadra, era mi palabra contra la de él. Ahora le mando el link al inspector municipal y que lo vea él mismo".
El contrato con el municipio de Salto le representa a Fontana alrededor del 25% de su facturación anual. No es la mayor parte de su trabajo, pero es ingreso estable todo el año mientras que la campaña agrícola se concentra en unos pocos meses. El año que viene vencen otros dos contratos municipales en la zona, uno en Rojas y otro en Arrecifes, y Fontana ya está preparando las ofertas. "Los pliegos piden que el oferente demuestre capacidad de trazabilidad en tiempo real", me dijo. "Eso no lo pedían hace tres años. Ahora si no tenés GPS con registro de aplicación, ni te presentás".
Lo que más le sorprendió a Fontana del sistema no fue ganar la licitación sino lo que pasó después. El primer mes de contrato, el inspector municipal le hizo tres visitas sorpresa para verificar que lo que aparecía en la plataforma coincidía con lo que estaba haciendo en el campo. Las tres veces todo cuadraba. A partir del cuarto mes, las visitas se espaciaron y ahora el inspector directamente revisa los reportes desde la oficina y solo sale si ve algo raro. "El tipo me dijo que con el contratista anterior tenía que andar atrás todo el tiempo porque no confiaba en las planillas", me contó Fontana. "Conmigo mira el mapa, ve que está todo bien, y se dedica a otra cosa. A él le conviene y a mí también".
El mes pasado Fontana recibió una llamada de otro contratista de la zona que quería saber qué sistema usaba. El tipo había perdido una licitación en Pergamino porque no pudo demostrar trazabilidad y ahora estaba buscando cómo equiparse para la próxima. Fontana le pasó el contacto del técnico que le había instalado los dispositivos y le recomendó que hablara también con el municipio antes de comprar nada, para asegurarse de que el sistema cumplía con lo que iban a pedir en el pliego. "Si vas a gastar plata, que sea en algo que después te sirva para facturar", le dijo. "A mí me costó menos de mil dólares equipar las tres máquinas y ya lo recuperé con creces".
