Tandil
Murió un hombre de 85 años tras esperar atención en la Guardia del Hospital Santamarina y su hija denunció fallas en el sistema de triage
3 de Febrero de 2026
El sábado pasado, alrededor de las 10 de la mañana, Héctor Alberto Papponetti, un vecino de Tandil de 85 años, falleció mientras aguardaba ser atendido en la Guardia del Hospital Santamarina. El hombre había concurrido al centro de salud acompañado por su hija, Susana, y, según su testimonio, una deficiente evaluación en el sistema de triage derivó en una demora que resultó fatal.
Susana relató con profunda angustia lo ocurrido y aseguró que decidió hacer público el episodio con un único objetivo: “que no le pase a otra persona”.
Según explicó, su padre acudió al hospital por ser afiliado a PAMI y contar con cobertura en el nosocomio público. “Llegamos a las 10 de la mañana. Tenía un fuerte dolor de abdomen, cintura y náuseas. Esperamos una hora y media aproximadamente para que lo evalúen y luego nos dijeron que aguardáramos en la sala”, detalló.
La mujer contó que su padre, visiblemente afectado por el dolor, consultó si la espera sería prolongada. “Le dijeron ‘un ratito’. Él respondió: ‘mirá que me acuesto en el suelo’, porque el dolor era muy fuerte”, recordó.
Desde el Sistema de Salud se indicó posteriormente que el procedimiento se ajustó a los protocolos vigentes. Sin embargo, del relato de Susana se desprende que la evaluación del cuadro clínico de Héctor Alberto Papponetti no habría reflejado la gravedad real de su estado.
“Nos sentamos a esperar y pasaron las horas. En un momento salió afuera y se recostó en un banco de cemento porque los dolores eran cada vez más intensos”, continuó. Además, señaló que realizó varios reclamos de manera respetuosa, recibiendo siempre la misma respuesta: que su padre era el próximo en ser atendido, aunque nunca lo llamaban.
En ese contexto, también advirtió situaciones que, a su entender, evidenciaron fallas en las prioridades de atención. “Le dieron prioridad a un muchacho alcoholizado y drogado, que estaba durmiendo desde la madrugada. La policía lo sacó de la sala de espera”, afirmó.
La situación se extendió hasta pasado el mediodía. “A las 13:15 mi padre se desploma delante mío, en mis brazos, y cae al suelo. Recién ahí vinieron y lo entraron en una silla de ruedas. Para mí, ya estaba en las últimas por cómo lo vi”, expresó.
Pese al dolor, Susana aclaró que su intención no es apuntar contra el trato del personal. “Me atendieron todos muy educadamente. Lo que falló fueron los tiempos de espera y las prioridades de atención. Quiero que esto sirva para que otras personas no pasen por lo mismo ni se sientan culpables, como me siento yo, por no haber hecho otra cosa”, sostuvo.
Visiblemente conmovida, cerró su testimonio con una imagen que, dijo, la acompañará para siempre: “Nadie me va a sacar de la cabeza su cara diciéndome ‘no doy más, no aguanto, llévame’. Si con esto hago mal a alguien, pido disculpas”.
Finalmente, la familia informó que por el momento no iniciará acciones legales. “Lo único que me interesa es que no le pase a otra persona y que quede grabado lo que yo viví con mi papá”, concluyó Susana.
